De visita en México este 2012, el filósofo Carlos Díaz Hernández, fundador del Instituto Emmanuel Mounier, impartió en USEM un ciclo de 3 conferencias, a propósito de los 31 años que cumple el Curso de Formación Social, y de su más reciente obra, Razón cálida. Tuvimos oportunidad de conversar con él. Compartiremos poco a poco partes de esa charla. Aquí la primera.
Charla con Carlos Díaz, parte 1
USEM México: La USEM es una organización voluntaria de empresarios. En ella hay muchos que están preocupados por el entorno que tiene su organización, y que participan en la asociación con la idea de formar su conciencia social para poder actuar. ¿Qué les aconsejarías a estas personas? ¿Qué palabras de esperanza les das?
Carlos Díaz: Hay que mantener siempre la esperanza. No se escala el Everest o una montaña en un día: hay que empezar poquito a poco, sin despreciar esa relación acto-hábito. Tampoco se alcanza en un día la perfección, si es que alguien puede presumir de ello. Acto-hábito-virtud, esa secuencia sistemática en el tiempo que implica prescindir de muchas cosas superfluas, que significa llegar a alcanzar un carácter ético, moral y personal, es cotidiana. Nadie nace enseñado en ella, no se logra en un día y además es muy difícil porque a veces, es en tu propia familia donde tienes el enemigo. O sea, parejas que no jalan parejo. Entonces, ¿cómo un empresario puede hacer una empresa cooperativa si en su casa vive una relación contraria? Creo que, como decía San Francisco, quien tiene una virtud las tiene todas, y al final, al que le falta una, le faltan todas. Por tanto, no basta ser buen empresario, solidario con tu empresa, etcétera, también tienes que serlo con tu familia, y también tienes que serlo con los que no son tu familia.
El empresario tiene una responsabilidad social más allá de la responsabilidad empresarial: tiene una responsabilidad de carácter social y nacional, es decir, con empresarios “chuecos” no se genera una nación valiosa, y lo mismo con profesores “chuecos”. Tenemos que tener muchísimo respeto por el trabajo cotidiano, sin perder la esperanza. Decía Gabriel Marcel que quien pierde la esperanza en la otra persona, lo mata, porque dice: “Tú ya para mí no significas nada, no existes para mí”. Mientras que por el contrario, también como decía Gabriel Marcel, amar a otro es decirle: “Mientras yo viva, tú no morirás”, es decir, “el día en que yo pierda la esperanza en ti, y que tú pierdas la esperanza en mí, nosotros ya no viviremos el uno para el otro”. El perder la esperanza es un “egocidio”, pero es también un suicidio. Un egocidio porque el que pierde la esperanza pierde al otro, y por tanto, pierde a su propio yo. Y es un suicidio porque quien pierde la esperanza en el otro se queda solo, y el futuro es que no hay futuro.
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Carlos Díaz es Doctor en Filosofía (Universidad Complutense), licenciando en Derecho (UNED) y diplomado en Sociología Política (Centro de Estudios Constitucionales). Es profesor titular en la Universidad Complutense y catedrático invitado en diferentes universidades de Caracas, Francia, Portugal, Costa Rica y México. Es fundador del Instituto Emmanuel Mounier; dirige la revista Acontecimiento. Fue presidente de Filósofos Jóvenes de España y del Instituto E. Mounier. Ha recibido premios como: Primer premio de Ética Social y Primer premio Pensamiento Social en España. Es autor de más de 100 libros, y amigo y colaborador de USEM. Su más reciente obra es Razón Cálida.
Hay un México que todos los días vemos y que no quisiéramos ver. Un México violentado por el narcotráfico y el crimen organizado. Un México cuyos representantes en el Congreso se preocupan prioritariamente por atender los intereses de sus partidos, ignorando las necesidades y reclamos ciudadanos.
¿Qué tan honda es la crisis actual que enfrenta la Iglesia? ¿Es un problema focalizado en el caso del padre Maciel y de algunos sacerdotes pederastas? ¿Hay algo más grave y estructural? ¿Es acaso un ataque de los medios de comunicación anticlericales? ¿O debemos ser hacer una lectura más autocrítica? ¿De qué crisis hablamos? ¿Hablamos de una crisis política? ¿De una crisis de cultural? ¿De una crisis de fe?
